Las competencias de un
docente en el siglo XXI
Autora: Sanae
Hinojosa Taomori
En la presente aportación, me
abocaré principalmente a las ya conocidas competencias que debe tener todo
docente, para hacer una reflexión sobre los retos actuales que esto presenta y
los fundamentos que hacen de tales competencias, un elemento indispensable en
la formación de todas las y los docentes en la sociedad actual.
Inicio abordando este tema exponiendo,
de acuerdo a la lectura encomendada, las diez familias de competencias que debe
tener un docente en estos tiempos, para desarrollar a su vez las competencias
en los alumnos y tener un desempeño efectivo en los diversos ámbitos que la
docencia requiere (Perrenoud, 1999):
1. Organizar y animar situaciones de aprendizaje.
2. Gestionar la progresión de los aprendizajes.
3. Elaborar y hacer evolucionar dispositivos de diferenciación
4. Implicar a los alumnos en sus aprendizajes y en su trabajo.
5. Trabajar en equipo.
6. Participar en la gestión de la escuela.
7. Informar e implicar a los padres.
8. Utilizar las nuevas tecnologías.
9. Afrontar los deberes y los dilemas éticos de la profesión.
10. Organizar la propia formación continua
Revisándolas detenidamente,
podemos observar que el desempeño docente implica no solo un simple ejercicio
de enseñanza y aprendizaje; engloba el contacto personal y directo que tiene el
personal docente hacia el alumnado (de manera directa y sobre su entorno, por
ejemplo, el contexto familiar), la institución (cuando se enuncia la participación
activa del docente en áreas de decisión dentro de la misma), y la comunidad (en
particular en su aspecto ético).
Cuando se elige a una planta
de docentes se piensa y revisa siempre su capacitación profesional (estudios,
experiencia, etc) sin tener siquiera en consideración sus capacidades sociales
y cognitivas. Por si esto no fuera poco, no se estructura un sistema en el que
el propio docente pueda desarrollarlas con una guía certera. Es así que las y
los docentes terminamos buscando capacitación fuera de la institución (en el
mejor de los casos), cuando es esta misma la que debería de fomentar y
desarrollar tales capacidades, así como las busca en sus alumnos; ¿Cómo se
puede pensar en obtener buenos frutos cuando las raíces no tienen los
nutrientes necesarios?. La planta docente debe ser la primera en ser
capacitada, para que esto impregne el aprendizaje del alumnado.
Como experiencia personal, saco
a colación el caso de la carrera de Criminología que ofrece determinada
institución en la cual me desempeño como docente. Por lo menos la mitad de la
planta de maestros son elegidos por su experiencia como peritos en diversas
instancias de gobierno, los cuales si bien pueden tener un ejercicio de la
materia de décadas, eso no implica que tengan las capacidades necesarias para
desarrollar no solo una instrucción necesaria en el área, sino una implicación
en diversos aspectos sociales que requiere la docencia en relación con el
alumnado, la comunidad y la institución.
Lo anterior ha detonado en
diversos problemas de índole no académica, sino de relaciones interpersonales
que rara vez llegan a resolutivos favorables.
Si bien no son parte del área
docente de periciales (me aboco a las ciencias sociales) cabe destacar que no
es una obligación coercitiva que tengan las instituciones académicas, de
impartir enseñanza de competencias al personal docente, punto que me parece
sumamente relevante, si esto es parte del plan nacional educativo; comúnmente el
Estado hace pronunciamientos de tipo afirmativo, sin gestionar paralelamente la
plataforma necesaria para llevar a la realidad tales demandas; el área
educativa no es la excepción.
Es así que las y los docentes
que ejercemos el área sin ser propiamente estudiosos de la educación, nos vemos
inmersos en capacitación solo a voluntad (no imperativa) y que parte de nuestro
propio presupuesto, no de una partida asignada a nivel gubernamental para la
capacitación general de las plantas docentes de las escuelas en su totalidad.
También se hace una distinción
entre escuelas del gobierno y privadas, como si fueran a impactar de manera
distinta a la nación.
Sin hondar mucho en este
último tema, por no ser el motivo principal de esta aportación, podemos
observar como las competencias deben ser vistas desde una perspectiva completa
y coordinada con los aspectos meramente académicos. Las instituciones deben
desarrollar no solo los mecanismos para que la planta docente llegue a tales
capacidades, estas también deben estar en constante evaluación y seguimiento.
Por otra parte, tenemos un segundo listado que engloba a su
vez un conjunto de competencias elementales para el desempeño docente (Zabalza,
2003):
I.- Planificar el proceso de enseñanza-aprendizaje
II.- Seleccionar y preparar los contenidos disciplinares.
III. Ofrecer información y explicaciones comprensibles y bien
organizadas (competencia comunicativa)
IV Manejo de las nuevas tecnologías
V Diseñar la metodología y organizar las actividades.
VII Tutorizar
VIII. Evaluar
IX Reflexionar e investigar sobre la enseñanza
X. Identificarse con la institución y trabajar en equipo
Podemos observar que este
listado es mucho mas intrínseco que el anterior; no implica propiamente dicha
una relación constante con el contexto y sociedad en la que el docente se
desenvuelve; sin embargo, si se relaciona directamente con el ejercicio de
académica en múltiples aspectos, como la tutoría, la evaluación y la
investigación.
Esto es algo que se ha
enunciado en diversos estudios sobre la docencia, retomando al ya referenciado
Perrenoud en su obra Diez nuevas competencias para enseñar, tenemos otras
ramificaciones también indispensables, como el trabajar a partir de las representaciones
de los alumnos, a partir de los errores y los obstáculos al aprendizaje, hacer
frente a situaciones problema ajustadas a los niveles y posibilidades de los alumnos
(como los reiterados casos en los que el alumnado proviene de diversas
instituciones que manejan distintos grados, lo cual deja a algunos en situación
de desventaja sobre otros), evaluar a los alumnos en situaciones de aprendizaje,
según un enfoque formativo, trabajar con los alumnos con grandes dificultades
(muy relacionado con la tutoría y el ejemplo anteriormente enunciado), suscitar
el deseo de aprender, explicitar la relación con el conocimiento, el sentido
del trabajo escolar y desarrollar la capacidad de autoevaluación y la definición
de un proyecto personal del alumno.
Tal parece que las y los
docentes tenemos una amplia gama de tareas no vinculadas con el suporte
académico, que nos involucran directamente con el alumnado no en un plano de
instrucción, sino de guías y orientadores en los aspectos de enseñanza y de
vida.
Se debe así mismo establecer
una línea indisoluble entre lo que esto significa y la relación que pueda darse
entre docente y alumno que pueda ser inapropiada. Ya se menciona en la lectura
de Zavalza por ejemplo, que una cosa es la tutoría, y otra la de fungir como
terapeuta.
Deben demarcarse debidamente
las áreas en las que el personal docente tiene o no injerencia, para no caer en
conductas inapropiadas o en un desgaste incluso del propio docente.
Esto sin embargo, no debe
confundirse con que el docente deba estar al margen de los conflictos o
situaciones adversas que se presentan dentro de la institución; todo lo contrario,
debe establecer criterios y desarrollar técnicas para fungir un papel
determinante en la resolución de las y los mismos; de manera enunciativa no
limitativa, hay a continuación algunas que enlista Perrenoud en la lectura
antes referenciada:
·
Hacer
frente a crisis o conflictos entre personas.
•
Elaborar,
negociar un proyecto institucional.
•
Organizar
y hacer evolucionar la participación de los alumnos.
•
Fomentar
reuniones de información y debate.
•
Prevenir
la violencia en la escuela y la ciudad.
•
Participar
en la instauración de reglas de vida común referentes a la disciplina en la escuela,
las sanciones, la apreciación de la conducta.
•
Desarrollar
el sentido de las responsabilidades, la solidaridad, el sentimiento de justicia.
•
Negociar
un proyecto de formación común con los compañeros (equipo, escuela, red)
Quiero hacer hincapié en el
apartado de la solidaridad enunciada anteriormente, ya que esta la establece la
propia Constitución en su artículo 3ro, junto con otras orientaciones que están
implicadas dentro del listado presentado, como son la ideología de los Derechos
humanos (en relación al sentimiento de justicia), y los conflictos y violencia
(muy concernido al ya no tan nuevo debate sobre el bullying y lo que éste
implica en consecuencias e impacto social), además de la creciente criminalidad
que se gesta desde etapas tempranas, en las que el docente puede fungir como
factor de decremento de la misma, en base a una disciplina y orientación sobre
el alumnado.
En conclusión, las
competencias de las y los docentes en nuestros días no pueden quedarse en un
plano académico, deben impregnar el desarrollo personal de las y los alumnos,
el de la institución, y el compromiso hacia la sociedad para llegar al bien
común, en donde todas las personas tengan los elementos necesarios para
afrontar las necesidades del mundo actual con responsabilidad, ética y
solidaridad.
Referencias:
Perrenoud, Philippe. “Diez nuevas
competencias para enseñar”. Editorial Graó, México, 2004
Zabalza Miguel A.
“Competencias docentes del profesorado universitaria. Calidad y desarrollo profesional”. Narcea, España.
2003
Por cierto, fuera de las referencias, recomiendo un breve video para reflexionar sobre la educación: