jueves, 12 de septiembre de 2013

Las competencias de un docente en el siglo XXI
Autora: Sanae Hinojosa Taomori

En la presente aportación, me abocaré principalmente a las ya conocidas competencias que debe tener todo docente, para hacer una reflexión sobre los retos actuales que esto presenta y los fundamentos que hacen de tales competencias, un elemento indispensable en la formación de todas las y los docentes en la sociedad actual.

Inicio abordando este tema exponiendo, de acuerdo a la lectura encomendada, las diez familias de competencias que debe tener un docente en estos tiempos, para desarrollar a su vez las competencias en los alumnos y tener un desempeño efectivo en los diversos ámbitos que la docencia requiere (Perrenoud, 1999):
1. Organizar y animar situaciones de aprendizaje.
2. Gestionar la progresión de los aprendizajes.
3. Elaborar y hacer evolucionar dispositivos de diferenciación
4. Implicar a los alumnos en sus aprendizajes y en su trabajo.
5. Trabajar en equipo.
6. Participar en la gestión de la escuela.
7. Informar e implicar a los padres.
8. Utilizar las nuevas tecnologías.
9. Afrontar los deberes y los dilemas éticos de la profesión.
10. Organizar la propia formación continua

Revisándolas detenidamente, podemos observar que el desempeño docente implica no solo un simple ejercicio de enseñanza y aprendizaje; engloba el contacto personal y directo que tiene el personal docente hacia el alumnado (de manera directa y sobre su entorno, por ejemplo, el contexto familiar), la institución (cuando se enuncia la participación activa del docente en áreas de decisión dentro de la misma), y la comunidad (en particular en su aspecto ético).
Cuando se elige a una planta de docentes se piensa y revisa siempre su capacitación profesional (estudios, experiencia, etc) sin tener siquiera en consideración sus capacidades sociales y cognitivas. Por si esto no fuera poco, no se estructura un sistema en el que el propio docente pueda desarrollarlas con una guía certera. Es así que las y los docentes terminamos buscando capacitación fuera de la institución (en el mejor de los casos), cuando es esta misma la que debería de fomentar y desarrollar tales capacidades, así como las busca en sus alumnos; ¿Cómo se puede pensar en obtener buenos frutos cuando las raíces no tienen los nutrientes necesarios?. La planta docente debe ser la primera en ser capacitada, para que esto impregne el aprendizaje del alumnado.

Como experiencia personal, saco a colación el caso de la carrera de Criminología que ofrece determinada institución en la cual me desempeño como docente. Por lo menos la mitad de la planta de maestros son elegidos por su experiencia como peritos en diversas instancias de gobierno, los cuales si bien pueden tener un ejercicio de la materia de décadas, eso no implica que tengan las capacidades necesarias para desarrollar no solo una instrucción necesaria en el área, sino una implicación en diversos aspectos sociales que requiere la docencia en relación con el alumnado, la comunidad y la institución.
Lo anterior ha detonado en diversos problemas de índole no académica, sino de relaciones interpersonales que rara vez llegan a resolutivos favorables.
Si bien no son parte del área docente de periciales (me aboco a las ciencias sociales) cabe destacar que no es una obligación coercitiva que tengan las instituciones académicas, de impartir enseñanza de competencias al personal docente, punto que me parece sumamente relevante, si esto es parte del plan nacional educativo; comúnmente el Estado hace pronunciamientos de tipo afirmativo, sin gestionar paralelamente la plataforma necesaria para llevar a la realidad tales demandas; el área educativa no es la excepción.
Es así que las y los docentes que ejercemos el área sin ser propiamente estudiosos de la educación, nos vemos inmersos en capacitación solo a voluntad (no imperativa) y que parte de nuestro propio presupuesto, no de una partida asignada a nivel gubernamental para la capacitación general de las plantas docentes de las escuelas en su totalidad.
También se hace una distinción entre escuelas del gobierno y privadas, como si fueran a impactar de manera distinta a la nación.

Sin hondar mucho en este último tema, por no ser el motivo principal de esta aportación, podemos observar como las competencias deben ser vistas desde una perspectiva completa y coordinada con los aspectos meramente académicos. Las instituciones deben desarrollar no solo los mecanismos para que la planta docente llegue a tales capacidades, estas también deben estar en constante evaluación y seguimiento.

Por otra parte, tenemos un segundo listado que engloba a su vez un conjunto de competencias elementales para el desempeño docente (Zabalza, 2003):
I.- Planificar el proceso de enseñanza-aprendizaje
II.- Seleccionar y preparar los contenidos disciplinares.
III. Ofrecer información y explicaciones comprensibles y bien organizadas (competencia comunicativa)
IV Manejo de las nuevas tecnologías
V Diseñar la metodología y organizar las actividades.
VII Tutorizar
VIII. Evaluar
IX Reflexionar e investigar sobre la enseñanza
X. Identificarse con la institución y trabajar en equipo

Podemos observar que este listado es mucho mas intrínseco que el anterior; no implica propiamente dicha una relación constante con el contexto y sociedad en la que el docente se desenvuelve; sin embargo, si se relaciona directamente con el ejercicio de académica en múltiples aspectos, como la tutoría, la evaluación y la investigación.
Esto es algo que se ha enunciado en diversos estudios sobre la docencia, retomando al ya referenciado Perrenoud en su obra Diez nuevas competencias para enseñar, tenemos otras ramificaciones también indispensables, como el trabajar a partir de las representaciones de los alumnos, a partir de los errores y los obstáculos al aprendizaje, hacer frente a situaciones problema ajustadas a los niveles y posibilidades de los alumnos (como los reiterados casos en los que el alumnado proviene de diversas instituciones que manejan distintos grados, lo cual deja a algunos en situación de desventaja sobre otros), evaluar a los alumnos en situaciones de aprendizaje, según un enfoque formativo, trabajar con los alumnos con grandes dificultades (muy relacionado con la tutoría y el ejemplo anteriormente enunciado), suscitar el deseo de aprender, explicitar la relación con el conocimiento, el sentido del trabajo escolar y desarrollar la capacidad de autoevaluación y la definición de un proyecto personal del alumno.

Tal parece que las y los docentes tenemos una amplia gama de tareas no vinculadas con el suporte académico, que nos involucran directamente con el alumnado no en un plano de instrucción, sino de guías y orientadores en los aspectos de enseñanza y de vida.
Se debe así mismo establecer una línea indisoluble entre lo que esto significa y la relación que pueda darse entre docente y alumno que pueda ser inapropiada. Ya se menciona en la lectura de Zavalza por ejemplo, que una cosa es la tutoría, y otra la de fungir como terapeuta.
Deben demarcarse debidamente las áreas en las que el personal docente tiene o no injerencia, para no caer en conductas inapropiadas o en un desgaste incluso del propio docente.

Esto sin embargo, no debe confundirse con que el docente deba estar al margen de los conflictos o situaciones adversas que se presentan dentro de la institución; todo lo contrario, debe establecer criterios y desarrollar técnicas para fungir un papel determinante en la resolución de las y los mismos; de manera enunciativa no limitativa, hay a continuación algunas que enlista Perrenoud en la lectura antes referenciada:

·         Hacer frente a crisis o conflictos entre personas.
         Elaborar, negociar un proyecto institucional.
         Organizar y hacer evolucionar la participación de los alumnos.
         Fomentar reuniones de información y debate.
         Prevenir la violencia en la escuela y la ciudad.
         Participar en la instauración de reglas de vida común referentes a la disciplina en la escuela, las sanciones, la apreciación de la conducta.
         Desarrollar el sentido de las responsabilidades, la solidaridad, el sentimiento de justicia.
         Negociar un proyecto de formación común con los compañeros (equipo, escuela, red)

Quiero hacer hincapié en el apartado de la solidaridad enunciada anteriormente, ya que esta la establece la propia Constitución en su artículo 3ro, junto con otras orientaciones que están implicadas dentro del listado presentado, como son la ideología de los Derechos humanos (en relación al sentimiento de justicia), y los conflictos y violencia (muy concernido al ya no tan nuevo debate sobre el bullying y lo que éste implica en consecuencias e impacto social), además de la creciente criminalidad que se gesta desde etapas tempranas, en las que el docente puede fungir como factor de decremento de la misma, en base a una disciplina y orientación sobre el alumnado.

En conclusión, las competencias de las y los docentes en nuestros días no pueden quedarse en un plano académico, deben impregnar el desarrollo personal de las y los alumnos, el de la institución, y el compromiso hacia la sociedad para llegar al bien común, en donde todas las personas tengan los elementos necesarios para afrontar las necesidades del mundo actual con responsabilidad, ética y solidaridad.

Referencias:

Perrenoud, Philippe. “Diez nuevas competencias para enseñar”. Editorial Graó, México, 2004

Zabalza Miguel A. “Competencias docentes del profesorado universitaria. Calidad y desarrollo profesional”. Narcea, España. 2003

Por cierto, fuera de las referencias,  recomiendo un breve video para reflexionar sobre la educación: 

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